Caos de Alambre

El doble caos del 19 de septiembre: a un año del sismo

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Caos de Alambre
Caos de Alambre

La Ciudad de México es un monstruo. Como seres trágicos, los monstruos representan el lado escondido de la cama. Lo más temible y obscuro que el ser humano puede llegar a conocer. La Ciudad de México es un monstruo macabro si se le observa desde un avión, nube gris en el cuerno de la abundancia. La Ciudad es un monstruo palpitante, lleno de vida. 

El caos, dice Carlos Monsiváis, es una de las caracterizaciones más constantes de la vida cotidiana mexicana. Un vil y feroz desorden…

Sucedió el 19 de septiembre de 2017. Ese día se vivió un doble caos en la ciudad. Se trata del terremoto con epicentro en Puebla, a 170 kilómetros de la capital. Pero se trata también de la conmemoración de otro terremoto: el de 1985, el que instaló “un sismógrafo en el corazón de los mexicanos”, según Juan Villoro.

Ese día tembló dos veces. Uno fue ficticio, el otro fue real.

Porque después del simulacro, después del caos controlado, después del disimulo, la alarma sísmica volvió a sonar entrada la tarde. Incrédulo, cualquier persona pudo haberse preguntado: “¿otro simulacro? pero si en la mañana… “
—¡Ni madres!, ¡ay cabrón!, ¡está temblando!, ¡está temblando!, ¡está temblando de verdad!
Cuando la tierra pierde el equilibrio hace caer lo que se pone en su camino: retratos, libros, botellas, cables de luz, semáforos, árboles, casas, edificios… vidas.
El caos es real, corre por nuestras venas.
Y ahora, sobre avenida Reforma, un bonche de cabezas se amontona. Lo que Aníbal Quijano llama: la raza. Ninguno de entre ellos quiere estar cerca de los edificios. Las paredes están cuarteadas. “No se vayan a desplomar”, dice el cocinero del hotel Sevilla Palace. “Lo bueno es que no me agarró en el penthouse”, agrega con las manos en la cabeza.
Los brigadistas de Protección Civil llevan chalecos fosforescentes. Saben lo que hacen. Con una paleta en la mano indican el número de piso. En el caos se inicia el perfeccionamiento del orden: piso 9, piso 14, piso 22… Cada quien acude a su llamado, menos Juan, quien parece buscar algo entre los vidrios rotos, dispersos en el suelo.

—¿Qué pasó, mi Juan, a quién buscas?
—A nadie, es que huele a gas.

Las labores se suspenden hasta nuevo aviso. Unos toman rumbo hacia el Monumento a la Revolución. Otros se repiten perplejos, para sus adentros: “sí estuvo bien fuerte”.
El tránsito está detenido. “Los sismos matan cuerpos, los pecados matan almas”, reza un cartel sostenido por un señor. Una estatua de fierro, con la forma de un Santo Grial, se cayó de su pedestal. La estatua es cargada por tres policías. “–No aguantó, va pal’ kilo”.
Más adelante, el edificio del periódico El Universal se ve dañado, con las persianas al aire, como chimuelo, parece que al edificio le salieron venas que corren hacia lo alto o hacia lo bajo, a donde sea con tal de salvar el pellejo. A pesar de todo, el bolero no deja de trabajar. Un mosaico de clientes se le presenta en el parque de La Alameda. Todos con una personalidad, todos con una posible mancha de polvo en el zapato. El sabor de la muerte.
Las meseras del Sanborn’s sentadas en la banqueta. Los albañiles hacen un círculo alrededor de un árbol. Una pareja camina agarrada de la mano, más unidos desde que la tierra se movió un tanto.

—¡Señora Martha Shan!, ¡Señora Martha Shan!, buscan a la señora Martha Shan. —Pero todos están pegados al celular—. Ya por fin me comuniqué con ella, que ya va para su casa.
—Ese edificio no se cayó, no más se movió, yo lo vi —asegura una señora de lentes frente a la Torre Latinoamericana.

   Los peatones caminan por el carril del trolebús, no por las banquetas. El silbato de los policías no arregla nada, sólo provoca caos, caos, ¡caos!… bendito caos. Estamos frente a una tragedia nacional.
  En el cruce de Eje Central y Salto del Agua, un hombre escucha la radio en alta voz, un círculo se forma a su alrededor:

Fausto Lugo, Director de Protección Civil de la Ciudad de México, nos dice: cerrar las llaves de gas y bajar los switchés eléctricos para evitar cortos circuitos.
—¿Cuántos reportes, Fausto, tienes de incendio en la capital?
—Carmen, hay dos incendios que traemos importantes que ya está personal del cuerpo heroico de bomberos trabajando. Le estamos dando prioridad a los servicios de emergencia que se desplazan a los diferentes puntos de la ciudad.
—¿Puedes ubicar las zonas donde están estos dos incendios fuertes?
Mira, tenemos uno en la Benito Juárez. Y tenemos otro en el perímetro de la Cuauhtémoc. Pero obviamente estamos pendientes de toda la Ciudad de México, porque el movimiento se sintió en toda la ciudad.
—¿Tienes, Fausto, el nombre de las colonias donde están estos incendios?
—Carmen, ahorita estamos precisamente dando toda la revisión; en cuanto tengamos la información con mucho gusto la proporcionamos.

El programa de noticias de Carmen Aristegui dice que quedaron muchas personas atrapadas. El sismo fue de 7.1 grados. El número 25 de la calle Amsterdam colapsó. También el edificio principal del Colegio Rébsamen. Y un edificio del Multifamiliar Tlalpan. No sirven los semáforos. La gente está caminando. No hay actividades por el resto del día en la Cámara de Diputados. Tampoco mañana. La gente da aventón. Un camión con la cajuela descubierta recoge a personas que van por el rumbo.

—Se cayó el edificio grande, ése que está en metro Etiopía.— La mano de las personas se convierte en visera cuando voltean al cielo. El helicóptero del ejército ya se encuentra sobrevolando la ciudad.

Cuando regresé a mi casa, cuatro horas después, me enteré de que Norma se había hecho pipí del susto.

En la familia todos estamos bien.

–Rojas

En memoria a la víctimas del doble caos del 19 de septiembre.

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