The Forty Elephants: las dueñas del mundo

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Atención: ésta no es una foto de The Forty Elephants. aunque bien lo podría haber sido… ¿no?

Las botellas de cerveza y vino se acumulan sobre la mesa, el ambiente es festivo. Gritos de euforia y brindis suceden a cada rato desde hace ya varias horas, en The Canterbury Arms Club en Waterloo, al sur de Londres. Es diciembre y están celebrando: 1925 fue un año lucrativo. Al menos para ellos, porque para el resto de la población la crisis arreciaba desde hacía por lo menos cinco años.
     Marie Britten está nerviosa pero decidida, es una de las integrantes más jóvenes de The Forty Elephants. Está enamorada de alguien que no pertenece a la delincuencia y eso está prohibido. Ha ido con su padre Bill Britten para que la respalde. Quiere obtener el consentimiento de la “Reina” Alice Diamond, jefa de la banda.
     El ambiente se torna tenso, el alcohol ha eliminado lo que quedaba de cordura. Alice no otorga el permiso: “no puedes relacionarte con alguien ajeno a nuestro negocio”. Marie no acepta el veredicto, pero tampoco quiere dejar de pertenecer a esa banda lucrativa y poderosa que ha asolado Londres durante décadas. Luego de algunos insultos sin importancia, Marie amenaza a Alice con una botella de vino rota. Los hombres las alientan a pelear.    Eventualmente la pelea se vuelve colectiva, pero Bill logra sacar a su hija y llevársela a casa. Los ánimos no se calman, una pelea no termina con una de las partes huyendo, hay que ir hasta el final.
    Ni Bill ni Marie, a pesar de pertenecer a los bajos fondos londinenses, esperaban la negativa tajante y contundente. Horas después, Alice encabezó a un grupo de personas ebrias y peligrosas. Apedrearon la casa de Bill y rompieron la puerta de entrada. Acabaron con todo a su paso y golpearon sin piedad a sus residentes. De no haber sido porque llegó la policía; Bill, gravemente herido, hubiera muerto. Marie, por su parte, desapareció y nunca se volvió a saber de ella.
    Ese enfrentamiento fue el inicio del final. Estaban tan ebrios que los agarraron a todos, pero llegaron a un acuerdo con las autoridades, sólo sentenciarían a Alice Diamond, la reina, y a Maggie Hughes, la teniente. La primera fue sentenciada a cinco años; la segunda a algunos meses. La condena incluía trabajos forzados. Alice permaneció estoica cuando escuchó la sentencia, pero Maggie, fiel a su extravagante y desfachatada personalidad, gritó pataleó e insultó a todos los presentes.

Diamond Alice y Baby-Face Maggie
Alice Diamond, mejor conocida como Diamond Alice (Alicia Diamantes), nació en una familia de criminales en Southwark, al sur de Londres en 1886. Desde muy pequeña se involucró de manera natural al oficio familiar, el robo a casas habitación. Su labor consistía en cargar herramientas que los hombres necesitaban. Si los policías los detenían antes o después de un “trabajo”, no habría evidencia. Alice adaptaría después métodos similares para asegurar sus operaciones. De una estatura mayor que la media de su tiempo, 1.70 cm. Alice ostentaba una personalidad fuerte y extravagante: usaba grandes abrigos de pieles, peinados altos y mucho maquillaje. Su primer contacto con la policía fue a sus 17 años; la sorprendieron robando en una tienda de sombreros en la Oxford Street.
        Llamaba mucho la atención y no pasó desapercibida para The Elephant & Castle Gang, también conocidos como Elephant Boys o simplemente The Elephant. Se trataba de una banda de delincuentes poderosamente armados y desgarbados, artistas de los robos relámpago, rateros, coyotes, vendedores de artículos robados, rudos, astutos y muy bien organizados que realizaron operaciones en Londres durante prácticamente todo el siglo XIX y parte del siglo XX. Eran tan hábiles y despiadados que incluso la policía les tenía respeto.
        Los líderes de The Elephant vieron en Alice a la candidata perfecta para organizar y liderear a The Forty Elephant, una banda de mujeres farderas, con antigüedad y respeto en el mundo del hampa. Esta agrupación fue formada entre 1865 y 1870 para operar en las tiendas departamentales lujosas del West End.
       Alice fue coronada reina de The Forty Elephants cuando apenas tenía 20 años. Pronto se convirtió en la mente brillante que lidereó la operación más grande para saquear sistemáticamente tiendas departamentales lujosas. Pronto sus secuaces adoptaron vestimentas estrafalarias diseñadas por Alice: voluminosos abrigos hechos a la medida con bolsillos ocultos, fajas, bastones, bufandas, bloomers y sombreros con compartimentos ocultos.
     The Forty Elephants pronto se convirtió en una colección de células perfectamente organizadas, gracias a la mano dura de Alice. La estrategia era simple pero efectiva: se dividían en varios grupos que atracaban una sola tienda o bien varias simultáneamente confundiendo a los policías. Alice y The Forty Elephants fueron responsables de la operación más impresionante de robo a boutiques, almacenes, joyerías, sombrererías, tiendas de lencería, perfumes, guantes y pieles finas nunca antes vista en Inglaterra entre 1870 y 1950. La banda fue mencionada por primera vez en los periódicos en 1873, decían que se trataba de “amazonas, mujeres hermosas que miden más de 1.70”; pero los registros policiacos sugieren que ya existía desde finales de 1700.
       Alice se hizo más sofisticada, solía usar anillos con diamantes en todos los dedos de las manos, le encantaban las piedras preciosas; pero también los usaba como armas letales. Un golpe con los nudillos de Alice podía resultar fatal. De ahí el apodo Diamond Alice.
       Para tener un liderazgo absoluto uno necesita a una buena teniente: nadie mejor que Maggie Hughes, quizá la más desvergonzada de la banda. Apenas tenía 14 años cuando la policía la atrapó por primera vez por extraer carteras a los transeúntes despistados. Su cara de inocente le ayudaba y su apodo era nada menos que Baby-Face Maggie.

Actividades de The Forty Elephants
The Forty Elephants se beneficiaron de la mojigatería de su tiempo y se aprovechaban de la privacidad que se les concedía a las mujeres en las grandes tiendas. Se hicieron tan famosas en Londres que cundía el pánico cuando se las veía merodear en zonas de clases altas. Por lo que tuvieron que ampliar sus operaciones a los suburbios y pueblos cercanos, usaban carros de alto poder para escapar de la policía. Si las detenían, nunca les encontraban nada: los productos ya habían sido trasladados a otros autos manejados por miembros masculinos de la banda. Cuando trabajaban en otras ciudades, usaban trenes, y depositaban maletas vacías en el guarda equipaje de las estaciones, que luego llenaban con el botín. Cuando el tren se ponía en marcha, arrojaban las maletas en lugares específicos para que sus cómplices recogieran la mercancía y no les encontraran nada en caso de inspección.
       Sus productos favoritos eran joyas, ropa de diseñador, lencería, productos de cuero y pieles costosas. Las rebajas de enero eran su mejor época pues las farderas aprovechaban el ajetreo de las tiendas para obtener lo más posible.
         La mercancía valuada en miles de libras entraba de inmediato en una red de contrabando, también dirigida por mujeres que se dedicaba a acomodar los productos lo más pronto posible y con los mejores beneficios. Una de las contrabandistas más importantes fue Ada MacDonald, cuya vivienda en Stead Street Walworth en el South-East London era conocida como la cueva de Alibabá y los cuarenta ladrones. A pesar de que la policía registró varias veces la casa de MacDonald, ésta siempre se las arregló para hacerles creer que la mercancía era legítima, mediante etiquetas y notas de compra falsas.
       Jane Durrel era otra astuta coyota, que acomodaba mercancía robada en los suburbios de Londres e incluso en tiendas dispuestas a hacerse de la vista gorda. Luego de una ardua investigación Jane fue arrestada en 1911, pero gracias su aspecto de madre de familia abnegada y gran actuación no fue sentenciada. “¡Cómo iba a saber que la mercancía era robada! Yo jamás me involucraría con algo así”, lloriqueó en la corte.
      Las actividades de The Forty Elephants eran más amplias que el robo a tiendas. Una célula de la banda se dedicaba a usar referencias falsas para obtener empleos como sirvientas en casas ricas y saquearlas al menor descuido. Las más bonitas y atractivas usaban sus encantos para embaucar a hombres con puestos importantes y familias muy conservadoras; y luego los chantajeaban con fuertes sumas de dinero, a cambio de silencio.
    Además el territorio era sagrado, prácticamente todo Londres y sus alrededores, de modo que lo resguardaban celosamente. Nadie que no formara parte de la banda podía “trabajar” en las tiendas que ellas consideraban dentro de sus territorios. El castigo: severas golpizas, cobro por uso de suelo o secuestros.
       The Forty Elephants siempre contaban con The Elephant, el lado masculino, si las cosas se ponían demasiado peligrosas o si necesitaban una mano todavía más dura.

Estilo
Con tanto dinero obtenido de sus múltiples actividades, las delincuentes se daban vida de reinas. Jamás usaban las prendas robadas, por muy lujosas que fueran. Preferían pagar sus lujos. Estaban al tanto del comportamiento extravagante de la aristocracia decadente y despilfarradora y trataban de emularla. Cuando no estaban trabajando parecían miembros respetables y adinerados de la sociedad. Su estilo favorito era el de las flappers: faldas cortas, sin brassier, cabello corto y lacio negro azabache o rubio platinado; escuchaban jazz, fumaban y bebían en exceso, conducían sus propios carros a toda velocidad y consumían cocaína. Y claro, siempre andaban armadas.

Decadencia
Luego de casi 15 años de aterrorizar a la sociedad, y de varias sentencias relativamente cortas; la decadencia de la reina Diamond Alice y de su teniente Baby-Face Maggie inició después de haber vandalizado la casa de Bill.     Luego de aquella víspera de Navidad de 1925. Maggie salió a los cinco meses de la cárcel y continuó con sus actividades pero sin la reina Diamond Alice, quien salió algunos años después agotada y fastidiada. Además encontró a The Forty Elephants disminuida y debilitada. Entonces tanto Alice como Maggie se dedicaron a entrenar a Shirley Pitts, para que fuera la nueva reina, quizá en busca de una cómplice maleable y astuta, que además las protegiera en su vejez.
    Shirley fue criada en una familia que pertenecía a Elephant & Castle. Uno de sus primeros recuerdos es la policía gritando fuera de su casa: “Abran la puerta en nombre de la ley”. Fue encarcelada a los 6 años, ayudaba a la familia robando leche y pan de las puertas de sus vecinos y siempre recibía un apapacho de su madre por sus “esfuerzos” para ayudar a la familia.
     Shirley aprendió a ser fardera y como empezó muy pequeña, su look escolar de familia bien, era el perfecto disfraz para pasar desapercibida.
      La última sentencia de Alice fue en 1929, cuando fue arrestada junto con Marie Hughes y otro miembro de The Forty Elephant, luego de que las cacharon robando de tienda en tienda en la Oxford Street. Murió de cusas desconocidas en la década de los cincuenta.
     Maggie fue sentenciada en 1938 por enterrarle un alfiler de sombrero al ojo de un policía. Cuando fue liberada, luego de casi cinco años, sólo pudo encontrar trabajo como sirvienta de prostituta e informante de policía. Solía avisar a la policía de padrotes violentos en beneficio de las muchachas, quienes no reportaban los abusos por miedo a las represalias. Murió en la década de los setentas, al parecer por su propia mano.
        Con sus miembros más importantes muertos o en la cárcel. El poder de The Forty Elephants disminuyó. Se habían implementado más medidas de seguridad en las tiendas y ser fardera era un riesgo mayor.
      Los miembros de la banda que quedaban se mudaron a los suburbios. La gentrificación terminó con los territorios de las bandas; la prosperidad creciente de la población disminuyó las ganas de delinquir a la antigua.

—Bibiana Camacho


Bibiana Camacho es escritora, editora y encuadernadora. Ha participado en varias antologías. Sus libros son los volúmenes de cuentos Tu ropa en mi armario (Jus, 2010) y La sonámbula (Almadía, 2013), la novela que recibió la mención de honor en el Premio Primera Novela Juan Rulfo Tras las huellas de mi olvido (Almadía, 2010) y la novela Lobo (Almadía, 2017). Prefiere tomarse fotos con locos y marginados porque la gente decente suele ser una mierda.

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