Parkway la soledad (sobre Atenas 317 de León Plascencia Ñol)

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1
Hay un instante indefinible en que la enfermedad y el síndrome cobran sentido. No un sentido en el término significado, sino en su acepción de transcurso, dirección. La ansiedad, la angustia, la anhedonia, viven como el breve estudio de una fotografía fuera de nuestros límites en una residencia Art Deco situada en Atenas 317 en la Colonia Americana, Guadalajara, Jalisco. Hay otro sentido del término sentido como una primera tormenta o discurso somatizado en el que cada lapso de una vida se restringe a las variantes (o variables) de la aguja electroencefalográfica donde cada paisaje existe con su opuesto: un precipicio o un árbol. ¿Una historia de un regimiento de fantasmas?
-No, ninguna historia, lo que pasa es que
Alguien dejó un
cuchillo en la
maceta/ paisajes
sin ti/ puedo partir.

2
Situémonos bajo la palma de Samandoca para pensar la casa ateniense
como un cúmulo de imposibilidades que eternamente se hacen posibles. ¿Recuerdas la music box que te traje de aquel lugar distante? Enciéndela e imaginemos aquella canción ¿te acuerdas? que habla de una mano en la espalda, roces, un estamos afuera porque un colibrí nos mira.


3
La casa ateniense donde alguien padece una terrible enfermedad del espíritu y del pensamiento. Abandonado. ¿Te refieres al autor a quien le gustan los tangos y cargaba por largos pasillos una muñeca gigante que tenía asma? ¿Aquel cuya vida es lo visible de una mancha que se extiende mutilada por la oscuridad y gritaba por la madrugada
¡la depresión no existe!
¡la depresión no existe!
¡la depresión es un cuchillo dentado!
¡la depresión es falsa como una nube verde!?

4
Algo quema: los medicamentos, así que quizá el próximo año esté de regreso. ¿Te imaginas volver al mismo lugar donde un balcón fantasma fue atacado por la imagen extrapolada de un árbol enfermo? Qué idea esa del retorno al precipicio, al después del instante del derrumbe psisomático. Pero bien decía mi ex novia: después del primer trastorno ya no hay noches enteras. Hay vidas enteras como polvo del desierto que ha formado una capa fina entre el cristal y el mundo. Vidas bajo largas rayas grises.

5
¿De qué estaba enfermo? ¿Cuál era esa enfermedad que lo perseguía como los perros persiguen a la perra en celo?


6
No importa. Ya pasó todo; se terminó la fiesta de hablar y hablar luego de detenernos cuando algo se abre en la cabeza de la luz, de noche, y nos damos cuenta de todos los fantasmas que traemos a cuestas. Ya no digas nada.

7
Hay o hubo, da lo mismo, una casa en la calle Atenas 317 donde sigues mirando al vacío. Donde falta luz para verificar el resultado del electro, de la resonancia y de la tomografía. Donde diste tu vida y las acciones parecieron superficiales. Donde un colibrí es una anti-fórmula para encontrar a Dios. Donde los nombres de Dios: Haloperidol Fluoxetina Clonazepan Pergabalina siguen siendo los nombres de otro Dios.


8
Es peligroso pensar en Atenas 317. No hay ningún combate que valga la pena. Nunca he podido acercarme. Cuéntame más del submundo del cielo, de las puertas abiertas detrás de los ojos, de las miradas que son tiempo perdido. Pero, ¿hubo autor o alguien se dio cuenta de la farsa? Hay una sombra. Volverá despacio a través de la casa ateniense cuando el cielo sea rojo y yo borre esta página para que alguien ya no piense que eres tú.

 

—Álvaro Luquin


Álvaro Luquín (Guadalajara, 1984) es autor de los libros Praderas silenciosas (La Zonámbula, 2011), Blanco Sucio (Filodecaballos, 2013) y Panóptico (Bonobos, 2015). Estudió Artes Audiovisuales y Filosofía. Ha sido becario del programa de estímulos a la creación, Jalisco en los periodos 2011-2012 y 2016-2017 así como del FONCA, en el área de Jóvenes Creadores en el ciclo 2012-2013 y en 2017-2018.

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