Fernando Ortiz: de líneas, madera e ingeniería

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Fotografías de Sofía González

Podría ser una cuestión de recuperar el alma propia cuando el deseo y la megalomanía son desenfrenados: la belleza de las cosas simples. No es del todo sentimental para nosotros pensar en términos de hombres devotos, manos en forma diferente después de generaciones de trabajadores de la madera
–Nakashima, George

Quien haya convivido de manera cercana con ingenieros y con arquitectos no será ajeno a los chistes, a la mala leche y a las burlas que hay entre ambos grupos. Los ingenieros dicen de los arquitectos con cierto sarcasmo que, sí, es verdad, son creativos y detallistas, de espíritu artístico, pero que, al final del día, no saben construir un piso sobre otro piso sin que éste se caiga. Los arquitectos en cambio al hablar de los ingenieros parecen retratar a un grupo de trabajadores toscos y poco sensibles, cercanos a una versión anterior del humano actual, una versión más rudimentaria.
  A la quinta vez que uno escucha este tipo de comentarios, surge la pregunta de si en verdad hay algo de cierto en esto y no sólo son bromas laborales; si acaso el hecho de que se necesiten uno del otro (porque, sí, se necesitan), como un matrimonio que comparte más compromisos que amor, sea la razón de esta enemistad. Ligna (madera en latín), la marca de muebles de Fernando Ortiz, un ingeniero que construye y diseña, quizá funcione como punto medio  –punto de paz– entre ambos oficios.

***

–Yo soy ingeniero civil de profesión -dice Fernando-, y a la hora de construir, se utiliza mucha cimbra, mucha madera, para muros y techos. Entonces empecé a darme cuenta de la gran cantidad de material  en los barrotes y tablones que todavía se podía usar. En ese momento pensé que era buena idea hacer algo con eso.
-¿Eso cuándo fue?
-Hace tres años que empezamos a hacer los muebles con material reciclado.
-Hay un prejuicio de que los ingenieros están incapacitados para producir algo de diseño.
-Sí, hay una eterna guerra de arquitectos contra ingenieros. Se suele decir que la casa de los arquitectos se caen por malhechas, y las de los ingenieros, por feas. Pero… se complementan.
-¿Por qué no estudiaste arquitectura?
-No tengo respuesta, o bueno, quizá porque quise seguir el ejemplo de Luis Barragán, que fue ingeniero y luego arquitecto. Yo dije, estudio ingeniería, me hago rico, y luego me meto a arquitectura. No sucedió lo primero… A lo mejor soy un arquitecto frustrado. Aunque la verdad es que la ingeniería es padrísima.

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  Después del plan inicial de Fernando de hacer muebles con materiales reciclados, se topó con que su capacidad de producción dependía totalmente de la cantidad de madera que sobrara en la construcción. No fue difícil darse cuenta de que ésta era más bien escasa. Además, es madera que requiere largas horas de mantenimiento, y nunca termina de ser la madera precisa y adecuada para el diseño de un mueble único. Así que junto con algunos amigos arquitectos y otros diseñadores de interiores vieron la posibilidad de hacer algo diferente: utilizar la madera de Parota.

 La Parota es un árbol tropical alto y robusto que crece en las costas de México, tanto del lado del Atlántico, en la zona que agrupa los estados de Tamaulipas, Veracruz y Yucatán, como del lado del Pacífico, en una gran extensión que abarca desde el estado sureño de Chiapas hasta mucho más norte en la selva seca del estado de Sinaloa. Es una madera con una gran resistencia a las condiciones de humedad típicas de las regiones tropicales y costeras, pero no sólo eso, se sabe que previo a la llegada de los españoles se utilizaba para fines medicinales. La madera que se extrae está llena de vetas, con colores claros, y es conocida por ser la fuente de empleo de familias con una tradición larga de ebanistas.

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Tonalidades de la parota en un mueble de Fernando

Al hablar con Fernando resaltan dos nombres que han servido de influencia: el austriaco Friedensreich Hundertwasser y el norteamericano pero de ascendencia japonesa George Nakashima. Si uno busca en Google a Hundertwasser, aparecerá su fotografía, su cara de perfil, con una boina roja y con una pinta de loco, es decir, de artista. Hundertwasser fue arquitecto y pintor y también ecologista. Tenía la particularidad de cambiarse de nombre, de reinventarse. Él decía de sí mismo: “Hay tantas cosas que hacer que yo siempre digo: me gustaría ser diez Hundertwasser para hacer diez veces más cosas. Como eso no puede ser al menos puedo tener muchos nombres.”
  Hundertwasser también creía en la ausencia de líneas rectas en la naturaleza y en las cebollas… sí, las cebollas. “La forma de cebolla –contaba Hundertwasser– me sugiere riqueza, felicidad, abundancia, opulencia y fertilidad […] Tengo mucho apego a las cúpulas con forma de cebolla y las pongo en todas partes […] las pongo en mis cuadros para indicar la promesa de una buena tierra, la tierra prometida, el paraíso”.

En la página web del ebanista Nakashima, se lee lo siguiente:

Los árboles nacen de diminutas plantas de sólo dos manos de altura. De cosas tan pequeñas se desarrollan grandes árboles. Por ejemplo, el Yaku sugi que puede alcanzar un diámetro de cuarenta pies y una edad de cinco mil años. Aunque a menudo se ha podrido, la médula todavía puede estar allí. Si el centro aún permanece, todavía tiene el mismo diámetro y altura que tenía al comienzo de su vida.
  Nuestro enfoque se basa en la experiencia directa: una forma de vida y de desarrollo desde un núcleo interno; al igual que la naturaleza en la creación de un árbol, con una adición: la aspiración del hombre para producir la maravilla y la belleza de sus potencialidades, sin “declaraciones”, sin “pilares del diseño”, sin expresión personal, sin frivolidad, con una perspectiva tanto severa como espontánea. Un diseño firme, basado en principios tan universales como sea posible, produciendo objetos sin “estilo”, sino reales y utilitarios.

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¿Podrías decir que tus muebles son rústicos? -le pregunto a Fernando sabiendo que esta pregunta puede molestarlo.
–No sé, no sé si ésa sea la palabra adecuada. Esta mesa -y señala una mesa alargada y elegante- te va a durar, fácil. unos quince años. Mira, lo que hace IKEA, por ejemplo, está padre, es industrializado, pero te va a durar uno o dos años. Esto –Fernando toca la misma mesa y se escucha un ruido hueco- son diez centímetros de grosor de madera. La verdad es que yo no soy diseñador. Yo estoy más involucrado en la transformación de la materia. Las herramientas, cortando, puliendo, poniendo el acabado.

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-Dices que no eres diseñador, pero creo que pecas de humilde, y no sé si con una modestia falsa o sincera… Porque, entonces, ¿quién diseño ese lampara y ese librero?
-Bueno… sí, yo… La verdad es que mi objetivo es hacer muebles que sean piezas únicas, que cada uno tenga su historia: que tengas una mesa que sea única, las vetas, los cortes, que no se vaya a repetir nunca. Y la madera de Parota se presta a eso.

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–¿Cómo te imaginas a tu cliente interactuando con su mueble?
–Que lo haga un objeto esencial para su casa. 

-Asael Arroyo Re

FB:  LIGNA MOBILIARIO

 

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Fuentes:

-Nakashima.com

-No disparen al artista.wordpress.com

– Parotas.com

 

1 Comment

  1. Excelente, una muestra más de que la profesión no determina quien eres, tuve la fortuna de tener una formación como ingeniero pero la creatividad es algo más poderoso que nosotros, por ello como Fernando, me di a la tarea de crear algo único, si quieren ver cuchillos hechos a mano y en ensenada, dense una vuelta por cuchillos toronegro, saludos.

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