Enrique Botello: importar y crear, exportar y conocer fotografía

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Enrique Botello: importar y crear, exportar y conocer fotografía

Enrique Botello es un nombre conocido entre los ensenadenses que se desenvuelven en el área de las artes y de la fotografía (si es que esta última puede separarse de la primera). Botello es uno de los fotógrafos contemporáneos más representativos de Baja California; por ejemplo, hace unas semanas fue tutor en el campamento fotografico “20 Fotógrafos”, organizado por el Museo Cuatro Caminos (CDMX). Desde hace algunos años ha organizado conferencias y talleres impartidos por fotógrafos mundialmente reconocidos, entre ellos: Ana Casas Broda, Francisco Mata, Marcos López, Karina Juarez, por nombrar algunos. Por esto y por más me di a la tarea de conocer un poco más de su persona.

   La entrevista fue realizada en su estudio “Galería 184”, en  el día de la revisión de la carrera Baja Mil. Entre un sinfín de claxons desesperados, nos dirigimos a su estudio. Al entrar  me dijo: “Mejor acá, porque en el estudio se entrevistó a Francisco Mata, y yo soy diferente a él”. Nos movimos del lugar.  El encuentro se llevó a cabo en la sala de exhibición, en el que pude apreciar en las paredes las fotografías de Mayra Huerta, como para recordarme dónde y con quién estaba.

—Sofía González

—Cuéntanos un poco de tu historia, ¿cómo empezaste en la fotografía?

Como yo soy veterinario de formación, mi contacto directo con mi vocación fotográfica la tuve fuera de la clínica, que tuve ahí por el Boulevard Costero.  Barriendo la banqueta, encontré un papelito de lo que en ese momento era Extensión universitaria, anunciaba algunos cursos culturales . Mi socio y yo lo platicamos, y decidimos entrar al curso de fotografía de Alfonso Cardona. Entré con él, y para mí fue descubrir un mundo diferente, en el que me podía expresar de otra manera, muy libre. Yo soy, de alguna forma, introvertido, aunque no lo creas. Y cuando me enfrento a la fotografía siento que puedo expresarme mejor. Ya había intentado otras cosas, música, teatro, pintura dibujo, y no… Antes de eso hacía teatro pero al ser introvertido me entraban bloques de pánico y… con la fotografía fue diferente, estamos hablando de que esto sucedió en  1988.

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Fotografía de Enrique Botello

—¿Entraste al curso con algo en mente?

No. Me interesaba de cierta manera documentar mi trabajo como veterinario,  que lo intenté pero no… estando ahí descubrí que había cosas más interesantes o importantes que quería manifestar.

—¿En qué momento empiezas dar clases, a convertirte en el maestro Botello?

Alfonso Cardona era un fotógrafo increíblemente extraordinario, sin embargo sus métodos de docencia eran muy raquíticos… era lo único que teníamos…, cuando hubo otro taller con el maestro Ricardo Magaña, donde era otra manera de enseñar, me pregunté, “¿por qué no podría haber más maestros como Ricardo Magaña?”. Me dije: “yo quisiera hacer esto, documentarme más, compartir”, porque en el compartir también está el aprender. Empecé a dar clases en diferentes lugares: en el Cetys, Xochicalco, pero al entrar a Extensión Universitaria suplí a otro fotógrafo, un maestro, Sergio Ramos. Al siguiente semestre me pidieron que me encargara del cineclub. Sergio salió de viaje, y total que ya me quedé como permanente.

   Antes de eso yo había propuesto que el curso de fotografía no fuera el único, que se hiciera en etapas. Alfonso retomó esta idea e invitó a Octavio Meillon y a Sergio Ramos a que dieran clases también. Ahí comencé a dar clases. La cuestión de estudiar fotógrafos y corrientes fotográficas me despertó mucho interés. Tomé un curso en la Ciudad de México, en el Claustro de Sor Juana; simplemente viajar a un lugar donde la fotografía se gestaba de otra manera, me abrió mucho los ojos. Me involucré más con las corrientes fotográficas y los movimientos fotográficos en México. Participé en coloquios iberoamericanos de fotografía que realizaba Pedro Meyer, en el Centro de la Imagen. Esa vez yo gané la Bienal de Artes (era de artes plasticas antes), y como beneficio a eso nos pagaron un vuelo para asistir al coloquio iberoamericano, para ver las propuestas de fotógrafos de muchas partes del mundo… esto me marcó. Yo quise replicar esto en mi ciudad, la parte académica es muy fuerte en mi persona.

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Fotografía de Enrique Botello

—¿Cómo nació la idea de traer a varios fotógrafos relacionados para dar talleres y conferencias gratuitas al público en general?

Justamente de esa inquietud que te comenté. Desde un principio yo pensé que podía hacer algo por mi comunidad, pero no en el plan de querer salvar al mundo o en cuestiones ambientales, sino desde mi perspectiva, que ha sido mi trabajo. Creo firmemente en que debemos de crecer de manera circular, nuestros ciclos hacerlos más grandes. Entonces, dentro de esa introspección, también tengo esa parte: me fui acercando, conformando pequeñas redes sociales con los amigos que iba conociendo, y les empecé a preguntar “¿Oye, te gustaria hacer esto?”. A través de la universidad [UABC], a través del Instituto de Cultura, y ahora a través de Cearte y de la facultad. Esto consistió en venderle la idea a los que tienen los recursos administrativos y también otorgar algo gratuito a la comunidad, además tengo la facilidad para realizarlo, sin afán de hacer negocio, simplemente el de compartir. Aparentemente no pasa nada en Ensenada, pero dentro de ese “no pasa nada” sí pasan muchas cosas. Simplemente me interesa que la gente que comparte los gustos por la fotografía tenga una educación mucho más sólida, que, bueno, en este mundo la pobreza visual es inminente. Hay que tener mayor conciencia, cuestionarnos “¿Qué voy a fotografiar?, ¿para qué lo voy a fotografiar, lo voy a compartir, para qué lo voy a compartir?”…  Reflexionar.

—¿Desde tu perspectiva cuál es el escenario de la fotografía en Ensenada?

Bueno, Ensenada es un caso particular en todos los sentidos: no sólo de la fotografía en particular sino también del arte, de la participación social. Aquí muchas cosas son muy sui generis, particulares. Hace rato lo comentábamos, ¿por qué tenemos tanto interés en las cuestiones de gastronomía y del vino, que sí son importantes,  pero tenemos abandonado el proyecto de La Lagunita, que no prospera, que no es renovable? En cambio, los intereses que tenemos cada quien son individualistas; así veo la escena del arte; los trabajos en colectivo no se gestan de una manera sólida. Apenas ahora con los murales y el trabajo con comunidades como el que se está haciendo en Bahía de los Ángeles. Sin embargo, también de cierta forma tiene un deseo de protagonismo… lo veo yo, y lo digo sin querer hacer menos la intención de estos grupos. Lo ves también en los ecologistas, ambientalistas, que se hace más ruido que acciones concretas.

   Creo que la escena de la fotografía debe ser consistir en el trabajo colectivo. Yo acabo de venir de una experiencia increíble, una chica de aquí participó, Elsa Solorio, un campamento fotográfico. Realmente la experiencia de compartir de una manera solidaria, crítica, analítica, propositiva, donde la formación y el conocimiento fluyen en todas direcciones. Los colectivos son una respuesta al “no pasa nada” de Ensenada en la escena cultural. Por parte de las  instituciones no hay programas basados en nuestras necesidades, en cambio el festival que hicimos en conjunto, Fotoseptiembre, es importante para que la escena cambie. En el caso de este espacio en el que estamos, Galería 184, la intención fue darle formalidad, es decir, hacer una sala de usos múltiples, una librería pequeña con títulos fotográficos, seguir con la misma dinámica de traer invitados. El fin es el mismo: compartir.  Y más allá, el placer de dialogar con alguien de los temas que te gustan de una manera fluida y no de una manera clasista.

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Fotografía de Enrique Botello

—¿Alguna predicción para la escena futura?

Pues no, todavia no tengo bolita mágica [risas]. Mientras estés trabajando,  haciendo propuestas buenas o malas, no importa,  las cosas van a fluir. Tenemos que dejar de estar esperando a que las instituciones, los parientes, los amigos nos resuelvan nuestra vida. Hay que chambearle todos los días: levantarte a barrer el frente de tu casa, estar listo para cualquier cosa y proponer, proponer, proponer, y  ser tolerante  a las propuestas de otros; tolerar que de pronto en las redes sociales hay gente que habla sobre propuestas de otros y les llaman ignorantes, los critican. Son sólo desfogues, cosas que no te llevan a ningún lado. Creo que en ese terreno mi predicción no es nada nueva: trabaja en lo que te gusta, apasiónate, y si seguimos trabajando seguramente  vendrán cosas buenas para Ensenada .

 

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