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Presentación: Teatro breve para párvulos

in Opinión by
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Fotografías a cargo de Arcelia Pazos

En el marco del reciente Festival de Octubre, Virginia Hernández presentó su libro de dramaturgia infantil, Teatro breve para párvulos, en la Biblioteca Benito Juárez en Ensenada, junto a la ilustradora de esta obra y actriz de su compañía, Laura Castanedo.

   Este libro fue reconocido con el Premio Estatal de Literatura 2014 en la categoría de dramaturgia infantil, aunque su valor va más allá de este reconocimiento, pues al menos la parte que conozco que ha sido transportada al lenguaje del escenario, la obra Bichos y Hechizos es fascinante.

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Bichos y Hechizos: Omar Delgado y Alejandra Cortez, protagonistas de Bichos y Hechizos

   Aun así, el Instituto de Cultura de Baja California (ICBC) se atrevió a censurar uno de sus textos y lo dejó fuera de la edición, con el argumento de que la temática era muy fuerte. Quizás en el proceso de revisión los editores no se percataron de que casi todos los textos manejan temas “fuertes” relacionados con la violencia, la sexualidad y las relaciones sociales. Podría ser que en nuestras instituciones se piensa que la infancia en México es un periodo de la  vida perfecto, y que aquellos que la viven no están capacitados para enfrentar situaciones adversas.

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Ilustración de Niño con laberinto, obra omitida por el ICBC

   No obstante, por las obras que sí se publicaron, me permito contar brevemente quién es Virginia Hernández.

    Virginia es dramaturga, socióloga, maestra en ciencias sociales, docente, actriz y directora de escena. La UNAM y la UABC son su alma mater –es puma y cimarrona—, e instruida en lo teatral por gente como Vicente Leñero, Jaime Chabaud y Hugo Salcedo, ha presentado su trabajo en escenarios nacionales e internacionales.

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    En su trayectoria, ha sido reconocida en múltiples ocasiones. En 2000 obtuvo una mención especial en el Premio Internacional María Teresa León para Dramaturgas Iberoamericanas de la Asociación de Directores de España, por su obra Border Santo; dos Premios Nacionales en cuento por La pequeña Tijuana (2000) y A qué jugamos? (2005); tres premios estatales de literatura por Los guardianes del tiempo (1998), Los fantasmas de Douglas  (2006).

   Su obra Ilegala, monólogo ejecutado por Laura Castanedo y dirigido por Fernando Rodríguez Rojero, ha sido presentada en varios escenarios de México y llevada a Inglaterra, Cuba y Estados Unidos. En 2016, Hernández fue nominada en la categoría de dramaturgia de los Premios ACE 2016, que otorga la Asociación de Cronistas y Espectáculos de Nueva York.

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Ilegala: Laura Castanedo

  Virginia es talentosa en todas las áreas en las que trabaja, y a su talento le acompaña, además de la disciplina, la curiosidad, el amor y sus saberes, un sentido crítico necesario en esta rama del arte que suele verse pobremente ejecutada. Durante la presentación de Teatro Breve para Párvulos, expresó ante el público, una crítica sobre el panorama del teatro infantil en México, que sin duda puede extrapolarse a otras áreas de la cultura en nuestro país.

—Arcelia Pazos

 

PRESENTACIÓN: TEATRO BREVE PARA PÁRVULOS

Virginia Hernández

 

Desde la tradición teatral, el teatro dedicado a los niños debe poseer dos características: ser didáctico y divertido. La dramaturgia infantil tiene como función el adoctrinamiento y la transmisión de valores, saberes y conocimientos de la cultura dominante, reflejando de forma unilateral la concepción que los adultos tienen del niño. Bajo esta concepción el niño es sólo receptor de un discurso acabado y cerrado donde no hay posibilidad de réplica.

Para Denisse Zúñiga (2002) es lamentable que aún exista en la escena teatral infantil mexicana:

la pedantería del adulto frente al niño, al pretender educarlo en lo que él considera correcto: la moralina y la tontería […] rayando en lo descriptivo y lo obvio que nada deja a la imaginación del infante que acude al teatro no sólo a escuchar y ver lo que se cuenta, sino a ejercitar su conocimiento y percepción del mundo, a confrontar sus deseos, pero si no se le permite, se irá a la cama como si nada hubiera ocurrido.1

Zúñiga considera que hace falta un teatro infantil con inteligencia. Sugiere que aquellos interesados en llevar a escena espectáculos infantiles, “tomen la responsabilidad de encontrar mecanismos para contar historias que refuercen la imaginación del niño, o bien compartan su mundo por medio del juego y la fantasía […] buscando fortalecer el desarrollo intelectual y espiritual de su público”.

    Juana Patricia Espino Villagrán (2009) afirma que en México “la crítica y el público en general han etiquetado al teatro infantil como un subgénero y discurso artístico desvalorizado y la censura que sugiere que los textos para niños deben estar cargados de diversión y sensiblería, son dos factores que provocan el desinterés visible en la pobreza de estudios existentes”2. Yo añadiría la pobreza de espectáculos y obras dramáticas existentes. Ya en 1979, Emilio Carballido había establecido que “la pobreza de ideas, la simplificación excesiva, a nombre de que es teatro para niños, produce un espectáculo tonto, no infantil”3.

   Resulta evidente la necesidad de un cambio de paradigma en el teatro para niños. Un teatro que responda a las necesidades de los infantes del siglo XXI, atendiendo a su derecho a la información y a su formación en un ambiente libre de prejuicios y en el que se procure el desarrollo de un pensamiento crítico. En suma, revalorizar el teatro para niños como un discurso artístico y liberarlo de su condición didáctica.

    En la actualidad podemos distinguir en México varios tipos de teatro de acuerdo con su propósito: un teatro de corte comercial que escenifica películas de Walt Disney; programas de televisión que buscan el divertimento y la ganancia; el teatro escolar que busca resultados pedagógicos y de iniciación artística, y aquellas propuestas que abogan por el teatro como experiencia recreativa y artística que propicie la reflexión. Dentro de ésta última se encuentran Bertha Hiriart, Mary Zacarías, Maribel Carrasco, Jaime Chabaud, Alberto Chimal, Sabina Berman y Elena Guiochins, por citar sólo algunos. Estos autores buscan producir placer, instruir y generar una actitud reflexiva; por lo que en sus obras abordan temáticas que exploran el abandono, la explotación infantil, el abuso sexual, la violencia, la guerra o la muerte.

    Abordar estas temáticas tabú no es algo gratuito y sí riesgoso en virtud de la censura institucional, del público adulto y de la crítica teatral ¿Pero es que acaso los niños viven en una bola de cristal, en el paraíso o en un mundo feliz? ¿Acaso están exentos del abuso, la soledad, la depresión, la violencia intrafamiliar, la prostitución, la drogadicción, el suicidio, el terrorismo, la inseguridad y un sinfín de anomias sociales que de repetirse se vuelven actos cotidianos, tradición, costumbre, normatividad? ¿Cómo podemos preparar a las nuevas generaciones a enfrentar y comprender tales situaciones si tratamos de encubrirlas y acallarlas para “protegerlos”? Esta nueva tendencia del teatro para niños busca proveer al espectador de herramientas que les permitan construir un pensamiento crítico, transformarse y, por ende, entender y transformar su realidad. Pero, ojo, llevar estas temáticas a los niños no es cosa fácil; pues existe el riesgo de arrebatarles el dulce de la infancia e introducirlos al dolor de la pérdida y de su indefensión. Así es que hay que construir andamiajes fantásticos, puentes misteriosos, espacios oníricos, por donde los personajes conduzcan de forma creativa, lúdica a los jóvenes espectadores.

   En el teatro infantil mexicano contemporáneo, afirma Espino Villagrán, “los niños protagonistas rompen las barreras de la realidad conocida, de los espacios cotidianos, para entrar en dimensiones misteriosas e inaccesibles”. Por su parte Angelo Nobile (1992) sostiene que en la civilización tecnológica: “el teatro para niños, a diferencia de los medios de comunicación de masas, exige o debe exigir una labor de codificación, interpretación y reelaboración del mensaje escénico, debe dejar amplio espacio a la elaboración personal, a la integración fantástica y al pensamiento divergente”4. Esto es a partir de la creación de espacios en los que suceden cosas y en los que se mantienen separados y a la vez interrelacionados la realidad externa y el mundo psíquico, mediante recursos como el sueño, la imaginación, la fantasía y el juego.

   Ésta también es la filosofía que genera el libro que ahora se presenta. Teatro breve para párvulos es un racimo de obras en las que busco un acercamiento con el niño y su realidad alejándome del didactismo y la norma.

   La presentación que hice de mi obra ¿A qué jugamos? (2006) me dio la oportunidad de reflexionar en por qué hago teatro para niños…, y lo expliqué de la siguiente manera. Me cito:

Lo primero que me viene a la mente es que encuentro en ello un acto gozoso, porque me divierto, porque juego. El acto de jugar lleva a un estado de alerta, de múltiples expectativas, de asombro ante cada situación, que posibilita el ponerse en contacto con el niño interno y a partir de allí explorar en los terrenos de la imaginación, donde el reto estriba en la disposición que se tenga para volver a asombrarse de las cosas simples y sencillas de la vida, como la caída de las gotas de lluvia sobre las hojas, o la primera casa construida de lodo, o las caprichosas figuras fantasmagóricas que surgen de las sombras.

Como hacedora de historias para niños, he entendido que en el universo infantil existe una ley simple y fundamental que es jugar; ésta es la base que le da sustento a mi escritura. Una posibilidad de remontar el plano lúdico que invade la vida del niño, siendo su forma natural de aprender.

    En el escritor, el acto de jugar se vuelve un acto de creencia, un recurso que hay que construir continuamente por medio de la sensibilidad, porque es la única vía para conectarse con su interlocutor. La sensibilidad abre la puerta a las interrogantes, a las situaciones, al gozo, al asombro; si el escritor no posee esta disposición, difícilmente entrará en contacto con el niño, porque su escritura será estereotipada, pobre, con el riesgo de adoptar posturas maniqueas, y ¿qué se puede hacer, transformar, improvisar, desarmar, mejorar o empeorar en un mundo acabado, y por lo mismo rígido, inflexible? ¿Qué puede tener de provocativo, de lúdico, un mundo en el que todo está dicho y hecho?

     Creer y crear, por lo tanto, son dos actos que se complementan en el terreno de la escritura: el incrédulo no crea porque no encuentra fundamento, bases para erigir su construcción. El creador que no cree, habrá construido una casa vacía, inhabitable, vana, imposible.

   Creer, crear, transformar son constituyentes del plano lúdico, que invita a la experimentación y al aprendizaje y se resuelve en el terreno gozoso de la imaginación, pero ineluctablemente bajo el referente de la realidad; ¿de qué otra forma se aprende a vivir en ella?

       El acto de jugar es vital, con toda la complejidad que esto implica, porque jugar a la vida es azaroso, aventurado, incierto; se resuelve, válgame una figura grotesca, en un tablero de ajedrez donde se asumen roles y se toman decisiones: se juega con astucia o ingenuidad, con inteligencia o con torpeza, con trampas o de frente, con estrategias o sin ellas, lo mismo da, porque en este juego la única regla es sobrevivir, y se gana con la misma pasión con la que se pierde.

     Es, pues, desde este plano lúdico que he podido renovar la mirada, revitalizar el espíritu, ponerme en juego con el gran proponente que es el niño y proponer, quizás una que otra vez, de un modo asertivo. En ello radica la utilidad de mi quehacer… Supongo.

—Virginia Hernández

Octubre de 2016

Ensenada, Baja California.

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Referencias:

1: Zúñiga, Denisse (2002). Un teatro Infantil hecho con inteligencia en: Paso de Gato. Revista Mexicana de Teatro, Año 1, No. 4, Septiembre-Octubre de 2002, p.52

2: Espino Villagrán, Juana Patricia (2009). Idea de la muerte en textos dramáticos para niños (1992-2007). (Tesis de Maestría). FFyL- UNAM. México.

3: Carballido, Emilio (1979). El arca de Noé: Antología y Apostillas de teatro infantil. México: Editores Mexicanos Unidos.

4: Nobile, Angelo (1992). Literatura Infantil y Juvenil. La infancia y sus libros en la civilización tecnológica. Madrid: Eds. Morata.

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